SAN AGUSTÍN DE HIPONA
Antes de alcanzar las cimas incontaminadas de la contemplación mística de Dios, vivió su drama de hombre, buscador de luz y mendigo de amor.

Nace en Tagaste (en el norte de Africa), en el año 354. Su padre, llamado Patricio, era pagano, y su madre, Mónica, era cristiana y será ella quien, con sus constantes oraciones, llevará a su marido y a su hijo a la conversión.Agustín, sin haber sido bautizado, recibe de niño una educación cristiana. Tiene el fuego pasional en las venas, heredado de su padre, y la sensibilidad y la inteligencia de su madre: dos características que lo llevan, siendo adolescente y joven a desviaciones intelectuales y aberraciones morales. Estudió en Cartago sus estudios básicos. Se aleja de Dios, pero no pierde su búsqueda sincera, quiere la verdad; y una necesidad innata de amistad, el amor que satisface las más profundas exigencias del corazón. Por eso, más tarde dirá: "nos creaste, Señor, para Ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en Ti". Vive en concubinato con una mujer, con la cual tiene un hijo, Adeodato. Ella muere finalmente. Cae en las redes de un racionalismo, tratando de alcanzar la verdad con la propia razón, que luego lo lleva a un agnosticismo, terminando en una total desconfianza y en el umbral de la desesperación. Tiene una breve estancia en Roma. Después es llevado a Milán donde enseña retórica. Allí comienza a sentir las primeras vibraciones de la gracia en los sermones del obispo San Ambrosio. Un día, estando en un jardín, se encuentra desconsolado porque habiendo comenzado a sentir la mano de Dios no podía desprenderse de sus miserias. Escucha una voz que le dice: “Toma y lee”. Tomando el libro de las cartas de San Pablo lee una exhortación a revestirse de nuestro Señor Jesucristo y a no dejarse llevar por las concupiscencias de la carne. Una luz penetró en su corazón cerrando de golpe las tinieblas de su dubitación. Recibe el Bautismo, de manos de Ambrosio, con su hijo Adeodato y su amigo Alipio en 387, a la edad de los 33 años. Emprende el regreso a África. En Tagaste funda un monasterio en el que se encierra con sus fieles amigos. Llamado de improviso al sacerdocio en Hipona en 391, funda en los alrededores de la cuidad un segundo monasterio y desenvuelve una intensa actividad junto al obispo Valerio. Consagrado obispo en 395, sucede al año siguiente a Valerio en la cátedra de Hipona y durante treinta y cinco años será el maestro de Africa, el faro de la Iglesia. Muere en 430. Nos enseña que la oración es hablar con Dios, pero un hablar que se hace con el corazón, no con los labios. Conlleva el deseo del corazón que se dirige a Dios y pretende fijarse en él.
